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sábado, 28 de noviembre de 2009

Un fallo sin importancia, ¿o no?

Cuando Obama era candidato, constituía un aliciente ser invitado a una cena con él. Ahora, que ya es presidente, se le cuela algún que otro gorrón.

"Allí me colé y en tu fiesta me planté"

Aparentemente no tiene importancia, pero lo cierto es que los servicios de seguridad fallaron.

Los que os preguntáis si es cierto o no que la política de Obama cambió una vez ya dentro de la Casa Blanca tenéis ahora un nuevo dato: su seguridad puede fallar.

Como falló la de John F. Kennedy.

(AP Photo/The White House, Samantha Appleton)

jueves, 22 de octubre de 2009

YWD 05: Adivina quién viene a cenar esta noche


A finales de los años sesenta pudimos ver una magnífica película: 'Adivina quién viene a cenar esta noche'.
El protagonista era Sidney Poitier, un joven afroamericano, que visitaba por primera vez a sus suegros, interpretados por aquella genial pareja que formaban Katharine Hepburn y Spencer Tracy. La actriz Katharine Houghton completaba el reparto, en el papel de la novia.

Los estrategas de la campaña de Obama lograron invertir la escena. Ahora el anfitrión era el joven afroamericano, y los invitados podían ser cualquiera de sus votantes.

La oportunidad de cenar con el candidato a la Casa Blanca fue uno de los incentivos que incrementó el nivel de implicación de los donantes. Cuenta Harfoush que Ángela Berg fue una de las personas que tuvieron ese privilegio tras convertirse en la donante número 250.000, con una aportación de tan sólo 100 dólares.

Obama la llamó por teléfono y la conversación fue grabada y publicada en su blog. Se mostraba así al resto de votantes que participar en esta campaña representaba algo diferente, al tiempo que descubríamos a un nuevo tipo de político, alguien cercano a tí, alguien que te escuchaba, y alguien que se implicaba contigo.
Las reacciones de Ángela antes de la cena, la propia cena con Obama y otros tres donantes más, y las reacciones de los comensales a la finalización de la misma, fueron asimismo grabadas y publicadas en el blog de la campaña.

La gente compartía, de este modo, el entusiasmo de otras personas que eran como ellos mismos.

El establecer unos requerimientos muy bajos para acceder a la categoría de donante hizo que muchos donaran más de una vez, y que otros nuevos donantes se decidieran a participar a un coste reducido.

La frecuencia y la variedad en la que estos incentivos se daban (cada una o dos semanas) logró provocar el interés y animó a que la gente se mantuviera al día visitando el blog de la campaña.

Las campañas han de ser divertidas, como las cenas.

¿O acaso alguien querría ir a una cena aburrida?